Co-razón de materia, abre la muralla, por Julio Flor

(Inspirado en la exposición de pintura de M. Rafael Sánchez “Razón de Materia”, que pudo verse entre el 18 de diciembre de 2009 y el 4 de enero de 2010, en la Sala del Agua, situada en la Plaza de la Catedral de Ávila).

 

En el interior de la muralla románica y medieval más completa de Europa hay un grupo de italianos que en este primer domingo de 2010 compra “souvenirs” en una tienda de cuero. Uno de los turistas abandona la tienda trasformado en Indiana Jones, con un látigo en la mano, mientras su compañero se hace ordenar caballero gracias a una gran espada que precisa de las dos manos para ser elevada por encima de su cabeza. Ninguno parece fiel devoto de Teresa, aunque también han comprado imágenes de la Santa de Jesús. La bulla lúdica de los viajeros, que celebran sus compras como niños, no consigue alterar la ciudad, que vigila desde sus fríos torreones a propios y extraños. Altos y vetustos muros que marcan carácter, por los que entran y salen, sin mayor problema, caminantes silenciosos, jubilados en su mayoría, también un grupo de señoras con pañuelo anudado al cuello, camino de alguna de las iglesias católicas que llaman a la oración desde discretos campanarios. En la cafetería  más concurrida, donde nadie lee el periódico, los abulenses se invitan indirectamente unos a otros a desayunar a través del camarero. En una librería cercana, dos profesores discuten en franco desacuerdo sobre la arquitectura de Moneo.

 

Qué sucede en Ávila – sabiendo que no pasó por aquí el flautista de Hamelín-, donde jóvenes académicamente bien formados se van para siempre a otros lugares a probar fortuna bajo la atenta mirada de los campesinos gigantes pintados en las paredes de la estación de RENFE. Campesinos en sepia que contemplaron  durante décadas el éxodo de miles de brazos que sembraban y cosechaban la mies en esta tierra de sierra y ríos. Qué sería de Ávila sin su muralla iluminada, herencia del pasado, materia que parece perpetua. ¿Se quedaría esta capital castellana huérfana sin el imán de su muralla y de la Santa? Qué han hecho sus gobernantes por el futuro de la ciudad, que muere porque se muere, en la que los turistas ven ante todo un gran castillo feudal. Sí, qué han hecho por renovarse, por impulsar el arte, cómo demuestran, si algo sienten, su amor a la cultura, que al parecer, como la poesía, no sirve para nada… pero es imprescindible. Qué hacen por infundir espíritu e innovación entre sus jóvenes, para responder a una demanda global de formación que revierta en la urbe, condenados los jóvenes a seguir marchando en un viaje de ida sin vuelta, sin murallas que los puedan retener. Cómo obtener un billete de ida y vuelta, que muestre el afecto profundo de la ciudad por todos y cada uno de sus moradores.

 

Una ciudad que ama sus piedras porque son reclamo para la Humanidad, que sabe leer en sus muros el peso de la historia, que conoce las lamentaciones de los barrotes de la guerra y las verjas de la intolerancia, de los árboles convertidos en grandes portalones, de las calles y callejuelas donde vivieron otras culturas, donde prosperaron los artesanos, de maderas y lanas que adornaron tapices y escenas pintadas, de campanas subidas hasta lo más alto, tan cerca de Dios… Que dirá la Santa cuando vuelva con su mística descalza y su frenesí emprendedor a la ciudad por su 500 aniversario. Que suenen las trompetas, que anuncien que Ávila allanará sus calles empedradas para adentrarse en el alma humana de sus habitantes, que mirará el poniente de sus montañas para que el espíritu humano encuentre su sitio. Que llenará tanto vacío… de colorido, de profunda inspiración, de espíritu de concordia, de carácter sensible y abierto a todas las culturas. De poesía. De óleo narrado… Son las razones de la materia.

 

Habla muralla, materia viva. Déjate de látigos verbales y espadas de división. Habla ya por favor. “Los humanos no pueden amar más a las piedras que a sus congéneres: es mi lamento” Es la voz de los Derechos Humanos escritos en las páginas de este granito serpenteante, hercúleo, con ellos se pinta el gran patrimonio de la Humanidad. Traed todas las manos: Modigliani y sus ojos almendrados, la textura de Tápies, los vacíos de Txillida, el vaho de Leonard Cohen, las erupciones volcánicas de Barceló, el entusiasmo febril y la investigación creativa de Rafa Sánchez. Qué fuente de inspiración. Y qué decir de todos los que marcharon para no volver, campesinos en los años 50 y estudiantes en los 2000, que pinten de arriba abajo con las manos de los pintores castellanos esta muralla, igual que un día pintaron el muro de Berlín, oh sacrilegio necesario. No para que caiga, al contrario, para que se levante de verdad a la altura del corazón creativo de sus gentes, hoy ocultas, a la sombra de estas murallas.

 

 

Julio Flor (Navamojada de Bohoyo. Ávila, 1956)

 

 

* De un boceto, pintado y escrito en el tren de Ávila a Bilbao, a 3 de Enero de 2010.