Del arte de dialogar con la materia, por José Antonio Navarro

Acerca de la obra de M. Rafael Sánchez

 

INTRODUCCIÓN

 

Es difícil hablar de la obra de un amigo. Difícil y complicado en tanto que la interpretación implica el esfuerzo de una prudente distancia para el enfoque y una cierta acotación de la historia común y de  los guiños estéticos comunes. Nos conocemos, y por tanto sabemos la naturaleza de nuestras afinidades, nuestras grietas y complicidades compartidas. También hay disensos y debates con calorías, desde el respeto y el cariño mutuo. Es la amistad.

 

Pero meditar en voz alta sobre sus creaciones es un reto al que no sé si daré respuesta, pues es posible que después de leer estas reflexiones, el lector o lectora se haga  más preguntas que al inicio; si es así, no habremos errado en demasía, al menos se habrán abierto caminos y expectativas  que reflejan deseos de seguir indagando y de profundizar en una obra que siempre estará deseosa de que la sigan preguntando y dispuesta a mostrar mapas de significados alternativos, diferentes o enigmáticos. En cualquier caso, asumo el reto con placer, con parsimonia reflexiva y con una mirada momentánea de “pirata”: entrando en una nave para encontrar el timón, los remos, las mercancías valiosas, y, sobre todo, los mapas que nos lleven al encuentro del tesoro. Realicemos el abordaje.

 

 

NOTAS PRELIMINARES

 

La obra reciente de Rafa invita a  “sumergirse” en un material que tiene la voluntad de “encarnar” sensaciones epidérmicas y sentimientos profundos, transmitidos a través de la magia del arte, al que no es necesario mitificar para sentir su sustancia transformadora, y descubrir y explorar mundos sugerentes. Sus criaturas nos convocan también a dialogar y reflexionar desde una mirada contemporánea y lenguaje matérico, con una sensibilidad serena pero indagadora, abriendo la puerta a mundos oníricos o grávidos, paraísos perdidos o utopías que alcanzar, sueños pero también duras realidades que nos afligen, que parecen sublimarse si las representamos…¿no es así como nació el arte?, abordando su sentido al bucear en las distintas capas de signos expresivos, símbolos y metáforas.

 

Es preciso, para que el encuentro con la obra pictórica sea una experiencia gratificante, que la mirada sea transparente, abierta, contemplativa; “dejándose llevar” o seducir por esas sensaciones que transmite, que podemos llegar a sentir en el tacto sin necesidad de tocar la superficie, y que, desde estas percepciones, nos será ya fácil avanzar hasta desvelar esos territorios donde habita el misterio, con sus acompañantes, las emociones y las ideas, mezclados con ese sutil equilibrio que le hacen sugerente e insustituible. Esta mirada a la que estamos convocados es a la del fruidor, el que auténticamente goza del mundo en su expresiones materiales sencillas y cotidianas, como nos mostraban los clásicos epicúreos.

 

 

ALGUNAS CLAVES DE SU OBRA

 

La materia es memoria. Profundamente evocadora, es un contenedor en el que tenemos almacenados momentos y experiencias que nos han ido esculpiendo en el tiempo, y por eso nos vincula con ámbitos difíciles de describir y de explicar, pero que percibimos, aunque sea de manera difusa, formando parte, estos recuerdos ocultos, de nuestra forma de mirar el mundo. Además, la materia nos conecta con nuestra identidad biológica, en su sentido más noble, pero también precario, pues se desenvuelve en una sociedad líquida, evanescente y aséptica, en la que lo virtual cotiza más que lo corpóreo y presencial. Pero las evocaciones que transmite la materia las maneja bien Rafa, con autenticidad,  reflejadas en sus telas, cartones, maderas y empastes.

 

Efectivamente, si hay elemento común que destaca en toda su producción y le da una unidad básica es la materia. La obra de Rafa, toda la obra, se sustenta principalmente en torno al empleo de materiales y a la utilización característica de la pasta de pintura. Así, le interesa esencialmente las cualidades plásticas de la masa pictórica,  que emplea en capas sucesivas, en los que puede dejar rastros de su acción creadora en los relieves, grafismos, etc.; es fácil imaginarse al autor amasando, retorciendo, rallando, incluso golpeando, transmitiendo, a través de estas cicatrices en la materia, estados de ánimo y emociones sugerentes. Indudablemente es un procedimiento muy expresivo y comunicativo, que permite reflejar con más fidelidad esa lucha del autor con su mundo interior y sus habitantes, que proyecta en gestos, movimientos y “acciones pictóricas”, incorporados éstos a la obra representada como un elemento esencial.

 

Por este motivo, las creaciones que nos presenta se acercan más, utilizando la ya clásica distinción de Nietzsche, al arte dionisíaco que al arte apolíneo, es decir, al arte que transmite los sentimientos profundos, quizás incluso pulsionales y vitales antes que al arte estático, preciosista, racionalista y muy ordenado; aunque como se puede intuir, no existen obras apolíneas o dionisíacas puras, las de Rafa también tienen una intención de armonía y orden (no en sus acepciones convencionales), manifestadas sutilmente en sus composiciones, que equilibran tensiones internas, consiguiendo así que la percepción global de la obra resplandezca y muestre todo su potencial expresivo y sus capas de significados.

 

Aunque creo que en la actualidad no debería hacerse un análisis clasificatorio rígido en relación a los estilos artísticos o visuales ya clásicos, pues encasillan demasiado lo complejo y lo que casi siempre es mezcla y combinación, sí realizaremos una aproximación que sea útil a la mirada. Las pinturas, en general, entroncan con el expresionismo, que vamos a calificar de libertario e introspectivo, adjetivaciones tomadas en su sentido artístico más extendido. Si el expresionismo se puede considerar un estilo muy libre, en el que la centralidad de la creación artística se articula en torno a la comunicabilidad de las emociones y pensamientos internos del artista, y sus propios códigos estéticos, sin atenerse a las condiciones visuales de la realidad ni a los convencionalismos compositivos marcados por la tradición pictórica, las imágenes con las que nos sorprende Rafa son expresionistas libertarias en cuanto que profundizan en esa demolición de simbologías formales y sociales; pensemos en obras como Meditación, La última mirada, Le dijimos que era bella, por ejemplo. Colores expansivos, formas orgánicas y sencillas al servicio exclusivo de la expresión y la comunicación con el otro, el atento observador.

 

Es introspectivo, creo, pues la iconografía que nos presenta es el resultado de un esforzado viaje hacia el interior, donde se encuentran tejidas las emociones, plasmadas en variados signos y grafos gestuales que provocan que la emotividad brote de sus composiciones a borbotones, eso sí, sin una pizca de épica ni nostalgia que pudieran mostrar, en ese caso, el lado oscuro del sentimiento. Así, la obra proyecta de manera sincera el trabajo personal de exploración interior y de apertura en canal, para mostrar sus preocupaciones, su búsqueda espiritual, la compasión por el que sufre,…

 

Por otra parte, algunas de sus obras también se desenvuelven en un campo cercano al surrealista. Esas formas frágiles, sus gestos y posiciones, que nutren fantasías que no pertenecen a la vida real, quizás sueños, quizás rincones ocultos o inconscientes, que aunque no se les pueda describir de manera razonada, se perciben muy dentro. Obras como Así en la tierra como en el cielo, o Abrazando el aire nos transportan a esos mundos etéreos, mitológicos, lejanos pero, paradójicamente,  percibidos como cercanos.

 

 

SU LENGUAJE PLÁSTICO

 

Las composiciones reflejan un sentido de ordenación intuitivo, nada artificial, que pretenden colaborar en el sentido general de cada obra. En las obras figurativas, se consigue transmitir el mensaje con eficacia, huyendo de la imagen narrativa, dejando esta función a los textos que incorpora en algunos casos. La organización compositiva más frecuente es la de utilización del centro del espacio pictórico, que favorece la captación inicial de la mirada; también impera el uso de las cuasi-simetrías, más naturales y cercanas, preparando al observador para adentrarse en su universo personal.

 

En general, su orden es  abierto y aparentemente espontáneo, y siempre alejado de las frías estructuras compositivas que encasillan y ordenan rígidamente. Si no son frecuentes, sí destacan realizaciones pictóricas con pares enfrentados de formas, que animan a lecturas interesantes por contraposición, por ejemplo, Templo humano, casi divino o Llamando a la memoria.

 

En algunas obras, la composición refleja una intención más cercana al caos (aparente) que al orden, pero es un caos en sentido contemporáneo, es decir, como una organización básica cuya lógica se pliega a un fluir natural, intuitivo, muy alejado del desorden pero muy encajado en su resultado final; exteriorización de la necesidad de una comunicación con el observador que haga comprensible el sentido de la obra.

 

La incorporación de  “object trouvé”, materiales de “desecho” o usados en alguna de sus obras como alambres, hilos, tablas descompuestas por el tiempo, etc. profundiza en el efecto de la acción del tiempo, con todo lo que implica; nos atrae por la expresividad de las texturas, que nos conectan con ese gusto por la objetualidad de  nuestra sensibilidad, de “homo habilis” que aún perdura; y sobre todo, la utilización de estos objetos nos induce curiosidad por el objeto en sí mismo: la creatividad encarnada en la diversidad de usos posibles de objetos o su reapropiación  para materializar otro concepto o forma diferente al convencional.

 

En la configuración de las formas ha optado por la sencillez y el informalismo, con líneas ondulantes, orgánicas, que recuerdan en casi todas las obras ese impulso envolvente que se acopla con naturalidad a las vibraciones y energías vitales. Buscando un efecto comunicativo de expresividad, el trazo de la pincelada es firme pero pausado. Da prioridad a las representaciones sintéticas, es decir, simplificadas, con línea de contorno, ausencia de perspectiva y volumen, y deformaciones significantes. En conjunto, las obras logran transmitir una atmósfera “primitivista”, con formas intencionadamente simples a lo Dubuffet, que también nos recuerda a Benjamín Palencia de los años veinte del siglo pasado.

 

El uso del color es muy libre, percibiéndose claramente dos enfoques o prácticas cromáticas: por un lado, emplea en algunas obras tonos terrosos y ocres, provocando esa evocación de materiales como el barro, cenizas, herrumbre y pátinas naturales, que simbolizan, entre otros aspectos, la dialéctica entre el de paso del tiempo y la permanencia, remitiéndonos también a nuestras raíces primigenias, en el sentido de potentes fuerzas interiores a medio someter o domesticar, las cuales proyectan una gran carga metafórica, pudiendo incluso extrañar en una sociedad cada vez más artificiosa y “light”. También nos recuerdan esos rituales sociales, al decir de Gadamer: “…el arte es juego, fiesta y rito…”, que nos trasladan al mundo de los arquetipos históricos y culturales, en los que se empleaban el fuego, la cera, etc.

 

Por otro lado, en algunas obras emplea colores más vivos y saturados, proyectando sensaciones de una gran potencia y dinamismo tonal. Sin utilizar el superado concepto de armonía en sentido clásico, sí se puede percibir su sentido personal en la elección de colores y combinaciones, que le sirven a los fines formales y semánticos de su relato pictórico: en unos casos lúdico, en otros con la intención de reforzar sus mensajes, y finalmente en otros con una aplicación más intuitiva y creativa. Los contrastes de tonos logran en algunas obras explosiones de vibrante vitalismo. Su investigación en el campo de los materiales y colores le ha llevado a utilizar colores metálicos, como el del cobre empleado en la obra Llamando a la memoria I, el cual le da una dimensión peculiar.

 

En parte de su producción artística introduce textos y poesía, que en algunos casos constituyen el núcleo de la creación. Los textos se incorporan de dos maneras, o bien son un complemento o apoyo de la imagen, o bien son poesías que se las presenta en un espacio o atmósfera material que potencia el encuentro lírico. Se podría pensar en una aproximación o exploración que busca esa obra de arte total que ya iniciaron algunos románticos y que en su desarrollo histórico nunca ha desaparecido.

 

 

MENSAJES Y PROPUESTAS ARTÍSTICAS

 

Su temática aborda varios ámbitos de su interés: los mitos vitalistas o religiosos recreados desde una mirada antropológica; los Derechos Humanos; la Naturaleza, tratada tanto desde el punto de vista mitológico (la iconografía de las “diosas madres”, por ejemplo) como desde un planteamiento que trata de reivindicar lo natural o medioambiental como entorno necesario y propicio para el despliegue de todas las potencialidades de nuestra identidad humana. En general, no se puede decir que sean pinturas decorativas, muy al contrario, la obra propone mensajes y reflexiones con un lenguaje visual desarrollado para este fin. Los discursos son elaborados, y se articulan en torno a una idea central, sus idola, referidos a la vida, a las diosas mitológicas, Diosa madre protectora….,  a veces llegan a la categoría de ser como un aldabonazo en la conciencia, como es el caso de los sobregogedores cuadros La última mirada y Der(s)echos Humanos. En algunas obras, la lectura es más abierta y polisémica, lanzándonos a territorios mágicos o imaginativos muy sugerentes, éstos se manifiestan en distintos niveles de significados, invitándonos a desvelarlos a partir de signos y metáforas, como la que nos propone en obras como El corazón de la palabra Templo humano casi divino, Corazón blanco, en esta última aparece la calavera clásica de la “vanitas” barroca, con un simbolismo análogo, pero que en el contexto del cuadro nos remite al tiempo que pasa y a la lucha del presente con el pasado.

 

También hay que mencionar sus obras abstractas, muy en la línea del expresionismo abstracto, situadas en el campo del “arte por el arte”, en las que sólo hay que dejarse llevar por las sensaciones, disfrutando de su “musicalidad”, a modo de una sinfonía de colores y manchas que nos encandilan por la carnal sensualidad. El uso de la paleta o la pincelada es muy libre, dejando voluntariamente la huella masiva de su manipulación, acumulándose en capas hasta conseguir el efecto matérico y cromático deseado.

 

Algunos cuadros nos remiten a esas percepciones profundas que conectan sutilmente con la cara oculta de nuestra psique, abriéndonos la puerta a los misterios y sombras que nos acompañan. El recorrido por su obra abstracta nos sumerge en un universo de un gran lirismo plástico, al modo de mapas de gestos, grafismos y acciones pictóricas, claras expresiones de su diálogo con la materia y con el tema, ecos de sus preguntas y sus dilemas, huellas de la batalla que libra al mirar de frente a su alter ego. Es, en esencia, el acto creativo. En estos casos, el signo es el mensaje. Entre éstas, destaca El cielo protector.

 

Si el arte es, salvo el decorativo y el mercantilista, un modo de conocimiento y/o de autoconocimiento,  el que se nos muestra es claramente un ejemplo del proceso de conquista de territorios donde habitan saberes ocultos, esos compañeros de viaje cercanos como sombras pero normalmente invisibles, paradójicos, quizás trascendentes. Efectivamente, en la obra de Rafa se percibe ese bregar en el laberinto de las ideas y de las formas, esa pugna con el ovillo de las emociones, que finalmente se ilumina en la dialéctica sujeto-objeto, es decir, en una creación artística, en una imagen “amable” de gran sensibilidad. Su quehacer creativo está muy alejado, obviamente de la industria cultural y del espectáculo al que nos empuja la sociedad líquida en la que se pasean nuestras sombras.

 

Sus referentes artísticos son muy variados, se encuentran fundamentalmente en Kieffer, por la incorporación de “materiales con alma”; Barceló y sus pinturas matéricas o dibujísticas o en las que imprime una gran naturalidad compositiva; Tapies y sus tierras y signos gestuales y aparentemente caóticos sobre la superficie pintada, y decimos aparentemente caóticas pues en realidad se siguen ritmos intencionados, movimientos dirigidos por emociones controladas, gestos danzantes de la mano sobre la madera.

 

También el informalismo de Dubuffet, más figurativo que el de Tapies, aunque este último le inspire su filosofía (su mística diríamos) y sus aportaciones sígnicas en la materia. Si lo más destacable en Dubuffet es la emotividad que desprenden sus cuadros, de configuración simple pero de una gran potencia visual e impulsiva, las composiciones de Rafa emanan sentimiento y expresividad desde las entrañas. Un abrirse al interior.

 

 

DISCURSO ESTÉTICO

 

Es momento de hablar de la persona y de su discurso estético. Sabemos que el artista no es el “elegido” divino surgido en el Renacimiento, ni tampoco el genio creador que se inventó el Romanticismo, es decir, el “demiurgo” solitario y extravagante pero con una capacidad especial para interpretar la belleza oculta del mundo y crear objetos sublimes. Tampoco es el artesano que domina una técnica y produce objetos bonitos, decorativos, por encargo. El creador, la persona que produce objetos artísticos –a algunos críticos no les gusta el término artista por superado, pero tampoco el de creador por pretencioso, como hay que referirse a los mismos de alguna manera, hemos preferido usar el término creador) es, o debería ser, una persona que fundamentalmente concentra varios aspectos: por un lado, tiene una firme voluntad de expresarse mediante la producción de imágenes que son portadoras de ideas, emociones y, sobre todo, sensaciones removedoras. Todos estos aspectos juntos y revueltos, en función de la intencionalidad del creador. Y en ese proceso de búsqueda y elaboración de la obra, de arrepentimientos, de experimentación, surge en un momento dado la chispa creativa; como Picasso dijo en algún momento: “ las musas me encuentran trabajando”. Por otra parte se necesita, de forma inevitable, métodos y técnicas, experiencia desarrollada. Y, en tercer lugar, pero creemos que es tan importante como la querencia de expresar, un creador debe manejar un discurso estético, el que sea, pero que implique un conjunto más o menos coherente de ideas relacionadas con el mundo y sus imaginarios, con las construcciones antropológicas y sus metáforas, con las representaciones artísticas de idearios  sociales que circulan en la sociedad. Rafa ha elaborado su narración del arte de manera muy personal, desarrollada desde sus reflexiones críticas, desde la visita a creadores reconocidos, y sobre todo desde su propia actividad creadora y experimental.

 

El discurso estético es el cimiento y el sentido. Una herramienta que dirige, que no es suficiente pero sí necesaria para alejarse de la mercantilización dominante del arte y de la superficialidad artística que casi todo lo invade y empobrece. Y ¿por qué nos hemos deslizado a este territorio?, pues porque es muy importante situarse en la autenticidad en medio de una sociedad del espectáculo, banal y líquida, sin valores fuertes, en el que todo se vende y se compra, hasta el gusto estético, las tendencias y el valor artístico de las pinturas, convertidas por la influencia de los medios de comunicación de masas en “objetos sin aura”, como ya anticipo lúcidamente Walter Benjamin. Y por todo lo anterior, tenemos que decir claramente, y si es preciso gritar, que la obra de Rafa es, sin ninguna duda, auténtica, nace de una voluntad expresiva sincera después de un diálogo introspectivo intenso y una mirada abierta al mundo, que nos ofrece, con voluntad de artesano-productor, un imaginario vitalista en el que encontramos su discurso estético: razón, materia, mirada y pensamiento.

 

 

A MODO DE CONCLUSIÓN

 

Después de este abordaje a su obra que propusimos al inicio, sólo nos queda disfrutar del botín, por eso sugerimos lanzar la mirada del fruidor a la obra de Rafa y simplemente….. gozar, desear, seducir y dejarnos seducir, mirar, sentir, bucear, sentir sensaciones, la epidermis, los desgarros, paradojas, complejidades, encrucijadas, placer, dolor, tacto, ……quizás vivir en la frontera de los pensamientos.

 

 

José Antonio Navarro Barba

Arquitecto técnico y Licenciado en Pedagogía

Profesor de dibujo en Instituto de Secundaria